Marianella Herrera, nutrióloga. Alimentación y microbiota: la clave para prevenir enfermedades

Así como cada persona posee huellas dactilares diferentes, cada uno tiene su microbiota particular. A grandes rasgos, la microbiota o flora bacteriana intestinal contiene miles de millones de bacterias que, entre otras cosas, fortalecen nuestro sistema inmunitario. Solo un tercio de la microbiota es común a las demás personas, el resto es específico para cada quien.

La buena nutrición juega un papel esencial en la conformación de la microbiota. La doctora Marianella Herrera, nutrióloga, explica que consumir alimentos de buena calidad es fundamental para preservar la inmunidad. “Si yo no tengo una buena estructura inmunitaria, una flora fortalecida, podemos esperar otro tipo de reacciones y puede generarse una enfermedad”,  dice.

¿Cuál es la importancia de la alimentación para el sistema inmunológico?

La nutrición adecuada juega un papel importantísimo en el mantenimiento del sistema de defensas, del sistema inmunitario del cuerpo porque las células tienen una composición y básicamente hay unos elementos que van a ayudar que estas células se constituyan de manera adecuada y estén en buenas condiciones para hacer frente a cualquier agresión.

Es muy importante que la gente entienda que, aunque la que es más conocida es la Vitamina C, hay una serie de componentes que van también van a contribuir a una adecuada inmunidad. Por ejemplo el consumo de grasas como el pescado, el aceite de canola, de oliva. El pescado, como las sardinas, que tienen grasas buenas, Omega 3, tiene una función importante  porque las membranas de todas las células están compuestas por una doble capa integrada por lípidos (grasas) y proteínas. De allí en adelante tenemos que consumir alimentos de buena calidad es fundamental para preservar la inmunidad.

En los últimos años se ha hablado de la importancia de la microbiota para el sistema inmune, pero para muchos sigue siendo desconocido. En palabras sencillas ¿qué es la microbiota?

La microbiota es una flora intestinal que cada uno de nosotros tiene en el aparato digestivo. Se forma desde el momento del nacimiento. Cuando el bebé pasa por el canal vaginal, la flora bacteriana de la madre contribuye a la creación de la microbiota del niño que está naciendo. Por eso es que uno ve que las cesáreas innecesarias no promueven la creación de una microbiota adecuada.

¿Y si el bebé ha nacido por cesárea?

En ese caso hay que promover la lactancia materna. Últimamente se ha asociado en estudios longitudinales, cuando se sigue por ejemplo bebés que han nacido por parto vaginal versus bebés que han nacido por cesárea y se ha notado que hay una tendencia mayor a la obesidad en estos últimos, porque no hay conformación de una microbiota intestinal adecuada. Hay que promover la lactancia materna para que se pueda compensar la entrada de otros elementos que pertenecen al sistema inmunitario. No es que la cesárea sea mala, es un recurso extraordinario, pero hay que saber lo que implica y las recomendaciones adecuadas que hay que hacer según cada caso.

¿Cómo podemos alimentarnos para favorecer el crecimiento de todos estos microorganismos?

Hay una recomendación que a los venezolanos nos cuesta mucho seguir: el consumo de al menos 5 porciones diarias de frutas u hortalizas, y de estas incorporar las hojas verdes. Mientras más oscuro el verde, mejor.  ¿Por qué? Porque las fibras, los nutrientes que componen esas hojas verdes y la frutas, y el fermento de esto en el organismo, la capacidad de tener una buena respuesta ante los alimentos que están siendo absorbidos por el intestino con esa microbiota van a ser fundamentales en el mantenimiento de la misma.  Si comiéramos solo pasta, arroz, carne y arepas pues obviamente perderíamos una gran parte de la microbiota, porque son alimentos que no van a tener un procesamiento acorde para mantenerla.  Mientras más variada es la dieta, más rica es la microbiota.

¿Cuál es la relación entre la microbiota y el sistema inmune?

Todos tenemos flora bacteriana propia, con identidad de acuerdo al aparato que consideremos. Los tres aparatos que tienen una flora importante de manera ordinaria son: el genitourinario –al que no puedes matarle la flora porque entonces vas a tener conquistas de gérmenes indeseables como los hongos–; el sistema gastrointestinal, que conocemos como microbiota o flora intestinal, y la piel. Estos tres órganos tienen su propia flora que promueve la reacción adecuada de defensa ante un agente externo. Si yo me como algo que estaba un poquito contaminado, lo normal es que mi propia flora reaccione y no me de cuenta.

Si yo no tengo una buena estructura inmunitaria, una flora fortalecida, podemos esperar otro tipo de reacciones y puede generarse una enfermedad.  Inclusive en el acné, se dice que se genera cuando hay desequilibrio en la flora de la piel.

Dicen que el intestino es el segundo cerebro.

Entiendo eso como la relación que existe entre el eje hipotálamo – hipófisis y el sistema gastrointestinal. Por ejemplo, la regulación del apetito y de la sensación de saciedad sí pasa por una relación neurohormonal que existe entre el hipotálamo y la secreción de algunos neuropéptidos y de algunas hormonas que se segregan en el hipotálamo y tienen como respuesta una secreción gastrointestinal. Por eso es que a veces se le llama, por la relación de neuropéptidos y hormonas entre algunos órganos que sí están dentro del cerebro y el sistema gastrointestinal.

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