Monseñor Adán Ramírez: “Son muchas las cosas que unen al caraqueño con el Nazareno de San Pablo”

“El Nazareno ha sido un caraqueño más que ha sufrido lo que cualquiera que viva en esta ciudad. Tuvo una casa y se la quitaron, vivió arrimado mientras hacían la Basílica de Santa Teresa”, dice Monseñor Adán Ramírez, vicario general de la Arquidiócesis de Caracas, quien fue párroco de la Basílica de Santa Teresa durante 15 años.

¿Hay una fecha en la cual comienza la devoción al Nazareno de San Pablo?

Nos acompaña desde el siglo XXVII. No hay una fecha específica de cuándo comenzó la devoción a esta imagen, sino uno que otro dato suelto que podemos encontrar en los libros de gobiernos de la antigua iglesia San Pablo El Ermitaño. Ya en ese momento se hablaba de una cofradía que veneraba con especial devoción tanto la imagen del Nazareno como la de la Virgen del Carmen, que también se encuentra en la Basílica de Santa Teresa. Lo que sí sabemos es que en 1674, el Obispo Fray González y Acuña bendice la imagen, de esta manera comienza la devoción canónicamente en la ermita de San Pablo.

Uno de las historias más conocidas de esta imagen es la del limonero.

Sí, en 1696 Caracas fue azotada por el vómito negro y ahí es cuando comienza a intensificarse la devoción a esta imagen. La sacan en una procesión en rogativa en los alrededores de la iglesia, y la cruz y la corona se enredan en un limonero, los limones comenzaron a caer y las personas comenzaron a gritar espontáneamente “milagro”. Este fue visto como un signo del cielo, por parte de Dios. Las personas llevaron los limones a sus casas y dieron de beber su jugo a los enfermos, que supuestamente fueron curados.

Hay versiones encontradas sobre el origen de la imagen.

Son muchas las leyendas que se entretejen en torno a esta venerada imagen. Algunos dicen que fue hecha en Carayaca, estado La Guaira. Pero yo me inclino a pensar que vino de España, por el material y la técnica, se puede ver que es de la escuela sevillana. A lo mejor fue traída por los primeros misioneros.

¿Hay una réplica en Achaguas?

Sí, hay una réplica que mandó a hacer el General José Antonio Páez. Él, en 1833, fue el primer venezolano en declarar públicamente su devoción al Nazareno de San Pablo y se vistió de morado para ir a ofrendarle.

¿Ha sido restaurada alguna vez?

En tiempos de Monseñor Juan Francisco Hernández, que fue párroco de la Basílica Santa Teresa por muchos años, estaba bastante deteriorada y se mandó a restaurar. Quienes lo cuidaban trataban de mantenerlo y así fueron agregando detalles, parches. Así, en los años setenta, quien con autorización del Arzobispo Cardenal Quintero, se encarga una restauración total de la imagen. Para ello se hizo una campaña, para que la gente supiera que el Nazareno iba a estar por varios meses fuera de su camarín. Se trajo un escultor de España, de Sevilla, el restaurador Manolo Díaz, que ha sido conocido como el médico de cabecera de la imagen.

Al Nazareno de San Pablo se le hizo una radiografía para ver su estado general y se encontraron huellas de una bala en el pómulo derecho y que supuestamente recibió durante una “sampablera”, unas protestas que se realizaban en la plaza que estaba afuera de la ermita. Hay un libro editado por Monseñor Juan Francisco Hernández y Carlos Duarte, que hace referencia a eso.

¿Dónde estuvo durante los 7 años que pasaron entre la demolición de la Ermita de San Pablo y la construcción de la Basílica de Santa Teresa?

En casa de la señora Concepción, que era su camarera, que se encargaba de adornarlo para el miércoles santo. Creo que la casa estaba entre las esquinas de Miracielos a Hospital, donde también quedaba la casa del párroco, que hoy es la escuela parroquial. Estuvo resguardado ahí con los cuidados debidos. Cuando se construye Santa Teresa a petición de la esposa de Antonio Guzmán Blanco, en 1877, es traslada hasta ahí.

La iglesia Santa Teresa la erige Guzmán Blanco, que no tenía ningún tipo de devoción y era anticlerical, y lo hace en honor a su esposa que era una mujer de fe. Y le pone su nombre: iglesia de Santa Ana y Santa Teresa. Él mismo le da el título de basílica, cosa que solo la puede hacer el Papa. No es sino hasta 1974 cuando el papa Pablo VI, hoy santo, declara a la iglesia como Basílica de Santa Teresa.

¿Cuál considera es la importancia del Nazareno de San Pablo para los venezolanos?

El Nazareno de San Pablo es parte de la identidad nacional. Los miércoles santos, y todos los días, van y vienen personas de todos los estratos sociales a pedirle con fe. Es una imagen atrayente, despierta la piedad. Su mirada serena, sus manos que van abrazando la cruz y el dinamismo que tiene, son muy importantes. Y por eso es que los venezolanos, los caraqueños, lo buscan, por todo lo que implica un Dios que es capaz de comprender a su pueblo porque pasó por las mismas vicisitudes. Por eso se puede encontrar desde México hasta Argentina, cómo la gente se desborda en los pasos de la Pasión, porque se siente identificada con un Dios cercano. Por eso para nosotros es parte de nuestra identidad venezolana y católica.

¿Se han realizado peregrinaciones más largas?

Sí, dos que han marcado un hito. A mí me cupo el honor de prepararlas, tanto en 2000 como en 2010. Una fue después de la tragedia de Vargas y la otra cuando se declaró la Misión Continental. Y hacerlo en el Papamóvil que usó San Juan Pablo II es toda una simbología de esperanza y de consuelo. La primera peregrinación fue en tiempos del Cardenal Ignacio Velasco, fundador de ValeTV. La segunda estuvo a cargo del Cardenal Urosa.

¿Se ha contabilizado la cantidad de fieles que acuden a la Basílica los miércoles santos?

La romería comenzaba a las 12 de la noche. Se oficiaban 18 misas, la Basílica se llenaba y se vaciaba cada 45 minutos. Cuando llegué a Santa Teresa, en 1997, la procesión salía a las 6:00 pm y entraba a las 11:00 pm.  Una vez llegué a computar con los Bomberos de Caracas más de un millón y medio de personas.

 

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