Héctor Pedroza, arquitecto: “Quizás este confinamiento penoso que estamos viviendo pueda mostrar las virtudes de una ciudad menos trepidante”

En un par de meses en los que hemos transitado una pandemia que no será la última de nuestro siglo, la convivencia ha cambiado. Ha tenido un impacto en lo social, en lo humano. La economía está en pausa y eso ha traído muchísimos cambios, sobre todo en el medio ambiente. Héctor Pedroza, especialista en Ingeniería y Arquitectura de Alto Rendimiento Ambiental, habla sobre los beneficios que el confinamiento humano por la pandemia de COVID-19 ha tenido sobre el medio ambiente.

¿Cómo una economía en pausa está cambiando el medio ambiente? ¿Qué nos puedes decir?

La pandemia por coronavirus está teniendo consecuencias muy importantes a nivel sanitario, social y de comportamiento de los habitantes de las ciudades donde el temor o el peligro de contagio se han convertido en obsesión cotidiana. El confinamiento que han adoptado la gran mayoría de los países  por supuesto que ha tenido consecuencias en el ámbito de lo económico y ha dado resultados esperados en materia de desaceleración del virus. Pero también ha tenido otros efectos colaterales, que me parece interesante que evoquemos como tema de reflexión porque han producido modificaciones en el comportamiento del medio ambiente que pueden ser vistas, eventualmente, como transiciones o modificaciones en el comportamiento social tras la salida de la crisis. El cierre de las industrias, la restricción en el transporte aéreo, marítimo, terrestre, todo al mismo tiempo; la restricción económica, el confinamiento de la población, han provocado cambios importantes dentro del medio ambiente, del clima a escala mundial.

Por citar algunos, se han registrado reducciones en las vibraciones de la corteza terrestre; se han registrado disminuciones importantes en el nivel sonoro de las ciudades, especialmente en las ciudades asiáticas, donde se han registrado hasta 80% de reducción promedio de ruido.

¿Qué otros efectos en el medio ambiente son cuantificables ya?

A nivel de la fauna salvaje, especies que se pensaban desaparecidas están siendo vistas de nuevo y otras que no habían sido vistas hace décadas han aparecido. En unas imágenes que han circulado en redes sociales, algunas muy caricaturales como el puma en Santiago de Chile o el jabalí  en las calles de Barcelona; pero otras menos caricaturales como la ballena en Marsella o bien el delfín en el Puerto de Cerdeña.  Sobre todo se ha registrado una reducción sorprendente en el nivel de contaminación y de emisiones de gas de efecto invernadero en la atmósfera.

Menos emisiones de CO2 y cielos azules, impacto derivado del fenómeno económico e incluso, lamentablemente, del dolor humano

Por ejemplo, el dióxido de nitrógeno, que es un gas encontrado frecuentemente en las zonas urbanas, ha disminuido su concentración en aproximadamente 50% en las grandes ciudades. El dióxido de nitrógeno es responsable de una gran cantidad de enfermedades pulmonares como irritaciones, inflamaciones, además de transformarse en ozono por reacciones químicas de la atmósfera, lo cual lo hace colaborar al recalentamiento, al efecto invernadero.

Pero estas disminuciones de la contaminación atmosférica son tan significativas que paradójicamente se ha estimado que el confinamiento por la pandemia puede estar salvando más vidas que los decesos que ha provocado el COVID-19. Son estudios estadísticos, proyecciones científicas. Y estas afirmaciones podrían parecer categóricas pero para entenderlas hay que recordar que la contaminación atmosférica es responsable de la muerte prematura de aproximadamente 7 millones de personas al año en todo el mundo, según datos de la OMS, de los cuales 1,1 millones en China, otros 100.000 en Estados Unidos según los científicos locales.

Los niveles de carbono también se han reducido. Se dice que esta reducción será equivalente o mayor que la de 2008 y que se extenderá hasta finales de 2020, quizás 2021 o 2022.

Beneficios de la pausa humana, sin duda.

Esta pausa en la actividad humana actual y los efectos benéficos que ha podido producir sobre el medio ambiente quizás pueda permitirnos medir y generar más evidencia de la importancia del impacto de nuestra actividad sobre el clima. Quizás sea el momento de trabajar las medidas de salida de crisis, de pensar las posibles transiciones en los modos de producción de bienes, servicios y energía con un menor impacto para el clima.

Si bien el medio ambiente ha cambiado para bien, la ciudad no necesariamente va a cambiar, aunque cambie nuestra manera de relacionarnos por un buen tiempo, tal vez por un par de años, esta pausa económica va a tener un efecto inmediato en el mundo inmobiliario, por ejemplo, porque la prioridad no va a ser la construcción, los grandes desarrollos o el tema económico. Seguramente la prioridad de todos los gobiernos, como política central, va a ser el tema social, la inversión en el desarrollo social, el atender las prioridades de los miles de millones de personas desempleadas en el mundo. Entonces, esto va a tener un impacto en el día a día de todos nosotros. ¿Cómo lo ves tú?

El temor a las epidemias es el origen de lo que se llamó el urbanismo higiénico del siglo XIX, en Europa para evitar las transferencias urbanas se construyen las ciudades jardín.  Se sistematiza la construcción de parques, avenidas arboladas y cinturones verdes alrededor de las ciudades para servir de cordón sanitario. En el siglo pasado, la Carta de Atenas recomienda la construcción de lo que se llamó las ciudades radiosas, que eran ciudades inundadas de sol para evitar la insalubridad y la promiscuidad de la zona industrial, donde se precogniza la separación y la zonificación de los usos, las zonas reservadas para la habitación, el empleo, el comercio y las industrias. Y, por supuesto, la importante infraestructura de circulación, de transporte, necesarias para asumir las necesidades de desplazamiento.

Es así como se genera lo que conocemos hoy como la ciudad extensa o atomizada en gran parte dependiente del automóvil, por no decir 100% dependiente del automóvil. Paradójicamente, la ciudad confinada, que nos ha sido impuesta hoy, en la que estamos viviendo, su funcionamiento se acerca al modelo de ciudad precognizada por los urbanistas de hoy, que se ha dado por llamar la ciudad de las distancias cortas, la ciudad compacta, la ciudad virtuosa. Es una ciudad respetuosa del medio ambiente, donde se registra un menor tráfico motorizado, menos ruido. Quizás este confinamiento penoso que estamos viviendo pueda tener la ventaja de mostrar a los habitantes las virtudes de una ciudad menos trepidante, menos agresiva y en mejor armonía con el medio ambiente.

0 replies

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *