Adlé Hernández, psicólogo social: «La conformación de una ciudadanía fortalecida con un horizonte claro es un pendiente histórico que no logramos asir»

La semana pasada el país fue testigo, una vez más, de una escalada de violencia por el control de una zona por bandas armadas. Esta vez fue en el barrio José Félix Ribas de Petare, la favela más grande de América Latina.

Desde 2014, bien sea en la Cota 905, Barlovento o El Callao presenciamos enfrentamientos de bandas, incursiones de organismos de seguridad del estado, con los mismos resultados: se impone quien demuestra el mayor poder de fuego, víctimas inocentes quedan atrapadas en medio de las balaceras, otro tanto termina en la cárcel y, el denominador común a todas ellas: instituciones incapaces de dar respuestas.

Pero todo esto no es más que la punta del iceberg. En Venezuela vivimos un escenario de violencias que nos hacen un caldo de cultivo para que, de no tomar medidas, sigamos produciendo escenas como estas por muchos años. La psicóloga Adlé Hernández, directora de Proyección y Relaciones Comunitarias de la Universidad Católica Andrés Bello, habla sobre la violencia directa y la violencia estructural y cómo esta es una forma de control social y político.

¿Vivimos un escenario de violencia estructural?

Venezuela desde hace varios años ha estado viviendo en un contexto de violencia importante, tanto violencia directa como otro tipo de violencia que no se ve claramente pero que afecta el bienestar colectivo por la imposibilidad de las personas de cubrir sus necesidades básicas, es una forma de violencia en la que el agresor y la víctima no se identifican tan fácilmente.

Las personas en nuestro país invierten horas de su vida en cargar agua, ajustan las dinámicas de su vida cotidiana a la disponibilidad de agua o luz, les resulta común hacer colas para comprar alimentos, esperar horas por una buseta o caminar largas distancias tanto para llegar al trabajo como para retornar al hogar, algunas veces cargadas de peso o con sus niños, no de forma recreativa o deportiva sino porque simplemente no hay suficiente transporte público. En los últimos años hay reportes que hablan del aumento de la mortalidad infantil y materna, ya hace un tiempo no es extraño escuchar casos de personas que murieron por lo que podrían ser causas naturales, como enfermedades crónicas, pero en realidad son muertes que ocurren como consecuencia de no tener acceso por ejemplo a las medicinas y a la posibilidad de acceder a los servicios de salud necesarios en el momento oportuno. Algo tan básico como comer se ha vuelto un asunto que desgasta la vida de las familias y lamentablemente se usa la palabra beneficio para referirse al derecho a la alimentación.

Las cifras que se recogen a través de los registros que llevan diferentes organizaciones no gubernamentales o instituciones que hacen investigación en áreas como la violencia, los derechos humanos, las condiciones de vida del venezolano o la conflictividad social del país relatan una realidad que colocada toda junta es sobrecogedora. Por ejemplo, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social indica en su portal que nada más durante el mes de abril de 2020 se llevaron a cabo 716 protestas en todo el país, lo que equivale a 24 protestas diarias; lo más impactante es que casi el 65% de esas protestas fueron por reclamos de servicios básicos, electricidad, agua y gas, casi el 25% fueron por gasolina, es decir, un escenario en el que los reclamos de las personas son por elementos esenciales para el desarrollo de la vida normal.

Provea por ejemplo en su último informe anual que corresponde al año 2018 hace un análisis de la situación de cada uno de los derechos, para ilustrar lo que queremos poner sobre la mesa vamos a tomar sólo unos ejemplos: en materia de derechos laborales nos habla de la importante pérdida del poder adquisitivo y el aumento de la informalidad; en cuanto al derecho a la salud esta organización señala que en el año 2016 aumentó en un 66% la tasa de muertes maternas y en 30% las infantiles. Entre otros datos indican que el 79% de los hospitales no reciben agua.

La Encovi2018 nos habla de 51% de pobreza multidimensional, mientras que en 2017 indicaba que el 80% de los hogares reportaban inseguridad alimentaria. Cáritas indica en su último informe del año 2019 sobre el estado nutricional de niños menores de 5 años, que el 66% de los niños evaluados tenían algún grado de déficit nutricional o en riesgo de tenerlo; 12,1% de los niños evaluados presentaron desnutrición aguda moderada y severa.

El Observatorio Venezolano de Migración reporta para el año 2019 la salida de aproximadamente 5000 venezolanos diarios por la frontera, en condiciones de alta vulnerabilidad. Vinculado con la migración, Cecodap realizó una investigación en la que indica que en 20% de los hogares en los que se reportó migración existe separación de padres e hijos menores de edad, que 1 de cada 5 migrantes dejó por lo menos un niño, y calcula en su investigación que 930.020 niños fueron dejados atrás. Para hacer más gráfica la situación esta organización indica que la cantidad de niños dejados atrás es más grande que la población total del estado Nueva Esparta y que equivaldría a aproximadamente 25 mil salones de clases, hace referencia a las consecuencias en los niños tales como tristeza, sentimiento de abandono e irritabilidad entre otros.

Estas cifras son sólo algunos ejemplos de lo que implica la vida en los últimos años en Venezuela, con condiciones que afectan la cotidianidad de las personas pero que poco a poco se han vuelto “normales” por lo frecuentes, regulares y aunque insoportables en muchos casos forman parte ya de las dinámicas de vida de los venezolanos. Este tipo de condiciones en los que se afecta el bienestar colectivo y el desarrollo natural de la vida de las personas como producto del conflicto en el que los que dominan el sistema generan estas condiciones de vida adversas es lo que Galtung (2016)  llamó violencia estructural.

De alguna manera, ¿la violencia estructural es una forma de control social?

Para algunos investigadores la violencia estructural es una forma de ejercer el poder político, lo que ocurre es que altos niveles de violencia estructural pueden llevar a escenarios de conflictividad social como los que hemos visto recurrentemente en Venezuela en los últimos años, en el que las diferentes formas de protestas son reacciones a las constantes condiciones de vida que atentan contra la satisfacción de necesidades básicas de las personas, pero en ese momento entra en juego la aplicación de lo que los teóricos llaman violencia directa como formas de control de esas reacciones a la violencia estructural. En nuestro país lamentablemente existen muchos ejemplos de esta dinámica en la que interactúan violencia estructural y violencia directa, por ejemplo el escenario de 2017 en el que la sociedad civil se reveló contra el sistema instaurado en el país y fue entonces brutalmente atacada como forma de control, generando múltiples violaciones a los derechos humanos. Estos ejemplos de interacción entre violencia estructural y directa no sólo ocurren de forma masiva, por ejemplo recientemente hemos conocido un caso particular muy lamentable en el que un joven que salió a protestar por los cortes eléctricos fue asesinado en el estado Mérida por sujetos no identificados que dispararon contra los manifestantes.

Hemos visto en los últimos días, específicamente en Petare, un recrudecimiento de la violencia por el control del barrio ¿es esto equiparable a las tensiones de años como 2014 o 2015? ¿En qué otras oportunidades se ha vivido algo parecido?

Más que ser equiparable podría decirse que es la continuación de lo ocurrido a finales de 2014 y durante 2015. En aquel momento se registró una práctica promovida por el gobierno en el que se implementó el término de las bandas por la paz. En estas prácticas en las que se suponía que las bandas se desarmarían, ocurrió exactamente lo contrario, estas incrementaron su poder de fuego y lograron el control de algunos territorios en los que además los cuerpos de seguridad del estado no podían entrar. Hay algunos expertos en el tema que indican que en principio el objetivo del gobierno nacional era desarmar a las bandas y proporcionarles recursos económicos para que lo invirtieran en emprendimientos u otro tipo de obras productivas; otros indican que se realizó una negociación para controlar los barrios a través de este pacto de cese al fuego entre  bandas. Sea cual sea la realidad de este asunto, el producto que se generó fueron estas estructuradas conocidas como Megabandas que operan con importante poder de fuego, autonomía económica debido a operaciones de delito organizado y gracias a estos dos elementos logran el control de amplios territorios en sectores populares. En Venezuela lamentablemente hubo un desmontaje de las instituciones del estado, el orden se desvaneció, no existe estado de derecho y no hay independencia de poderes, en general todo esto ha llevado a un gran desorden social que sumado a lo explicado en la pregunta anterior suponen toda la ruptura de las reglas mínimas para que la sociedad funcione adecuadamente. Estas megabandas sin embargo tienen dentro de ellas una estructura y un orden bien establecido con unos mecanismos de control a través de la violencia, dentro de estos territorios que dominan, en los que suplen dentro de su dinámica delincuencial, la estructura y orden que lamentablemente el estado no proporciona, el detalle es que esto que surgió como una idea del gobierno de alianza con estas estructuras de delincuencia organizada se ha revertido, en el sentido que éstas reconocen únicamente su propio “orden” y no el del gobierno.

¿Lo que vivimos responde a un conflicto no resuelto como sociedad? ¿Nos encontramos viviendo un espiral de violencia esperando quien resuelva el conflicto, un caudillo necesario?

La fragmentación social, la polarización, la fragilidad de la ciudadanía han hecho que desde hace varios años Venezuela erráticamente busque formas de superar la profunda crisis política y social que enfrenta, además, como producto de las condiciones de vida, a esa fragmentación social se suma que el sujeto se va diluyendo al poner sus energías en la sobrevivencia.  La conformación de una ciudadanía fortalecida con un horizonte claro es un pendiente histórico que no logramos asir. Como país es necesario caminar hacia la comprensión de nosotros mismos como colectivo (en el buen sentido de la palabra) con poder de transformación social, esto supone procesos complejos pero necesarios en los que podamos identificar por ejemplo cómo llegamos a esta situación, esa pregunta pareciera tener una respuesta evidente, para algunos podrá ser obvio responder “el chavismo arrasó el país”, pero necesitamos ir un poco más atrás y pensar ¿cómo llegó el chavismo al poder? ¿Qué pasó en Venezuela para que el chavismo pudiera permear las capas y estructuras de la sociedad que al diluirse facilitaron la instauración de este proyecto totalitario? ¿Qué estructuras, qué instituciones no han sido minadas en este proceso? ¿Qué ocurrió para que aun cuando las grandes protestas y manifestaciones que adversaron al gobierno chavista comenzaron casi al mismo tiempo que la entrada al poder de ese gobierno, no lograron resultados efectivos para mantener el hilo democrático? Estas preguntas en ningún momento persiguen un objetivo culposo o de revictimización de un país sufriente, son preguntas que buscan la reconstrucción histórica de un proceso que ha sido tremendamente complejo, son preguntas que pretenden reconstruir la memoria de un proceso que se ha convertido en una tragedia para el país, para cambiar realmente hay que identificar nuestros patrones, nuestros mecanismos de resolución, qué hemos hecho, qué necesitamos hacer diferente, repito, no para culparnos sino para poder transformarnos y encontrar los caminos que nos permitan recuperar el rol activo de ciudadanos, de nuestra ciudadanía y el valor de las instituciones como entes garantes de la estructura del estado. Seguro que muchos que tengan edad suficiente podrán responder esta pregunta ¿cómo llegó al poder quien dio inicio al proceso de  estos últimos 20 años?, ¿qué decía la gente que necesitaba el país? Era común escuchar a mucha gente diciendo la siguiente frase “El país necesita un militar que ponga orden” Veinte años después sabemos que la respuesta es No, pero la respuesta es no, no porque era el hombre equivocado, pues si  se sigue apostando a la búsqueda resolutoria a través de un sujeto que ordene, que resuelva,esto sería equivalente a seguir con la materia pendiente.

Es urgente abandonar ya la idea del todopoderoso que resuelva. El hombre o la mujer que van a arreglar esto es cada uno de nosotros, sin construcción de una visión de nosotros como colectivo, el país no existirá como país, seguirá fragmentado y en conflicto, sin norte ni horizonte hacia el cual dirigirse y seguirá tratando de encontrar, sin resultado, al hombre o la mujer que va a poner orden en todo esto, lamentablemente seguiremos frustrados, desesperanzados y sobrecogidos ante una realidad desastrosa. El país nos necesita como ciudadanoscon conciencia de nuestro rol decisivo dentro del proceso de transformación social, dispuestos a aprender cómo traer la democracia, pero que nuestra democracia no dependa de que el gobernante de turno quiera ser democrático, sino que logremos reconstruir la estructura del estado para que la democracia se cuide entre todos como el bien colectivo más preciado.

El camino que tenemos por delante no es fácil, no hay atajos, lo hemos comprobado recurrentemente con dolor, aun así pareciera que en el imaginario de algunos un gran día el paísva a amanecer arreglado, pensar este tipo de cosas nos va a conducir a mayores frustraciones y a crucificar a cualquiera que le toque el papel de liderar, ojalá con inteligencia, ética y acierto un proceso de transición que será enormemente complejo porque el país está severamente afectado en su estructura fundamental. Cierto, no es fácil, pero no hay opción, el compromiso de cada uno es fundamental, afortunadamente quedan instituciones, organizaciones no gubernamentales,  aún de pie y luchando, que han demostrado una capacidad, valentía, eficiencia y compromiso con el país que será histórico, tal vez por allí está el camino hacia la reconstrucción, éstas organizaciones e instituciones ya están caminando en pro de la reconstrucción del tejido, es necesario generar la memoria para la reconstrucción, pero además de eso es necesarioel compromiso de los ciudadanos que se asuman como tales. Seguir pensando en el caudillo necesario sería tirar por la borda todas las posibilidades de aprendizaje y crecimiento que esta tragedia nos pone por delante.

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