Pedro Benítez, historiador: “La búsqueda permanente de un gendarme necesario es un problema no resuelto de nuestra sociedad”

Vivimos tiempos complejos, que si bien no es algo nuevo, lo que sí es cierto es que son diferentes: atravesamos una nueva pandemia que deja ver lo frágiles que somos los seres humanos. Y esa fragilidad nos lleva a buscar en nuestra historia algunas explicaciones del presente. Tal vez de problemas no resueltos, de inestabilidades, de continuación o no. Y por supuesto nos lleva a pensar en lo que parece ser y siempre ha sido un elemento común en nuestra historia, y en tiempos recientes, que es el caudillismo.

El historiador y profesor universitario Pedro Benítez explica cómo la historia de nuestra región se ha visto atravesada por la figura del que Laureano Vallenilla Lanz llamó el gendarme necesario.

De nuestra búsqueda de caudillos, de hombres fuertes, de gendarmes necesarios ¿cuáles te vienen a la memoria? Hablemos de villanos y de héroes.

Yo coincido con tu afirmación en el sentido de la búsqueda permanente de un gendarme necesario en el caso venezolano es como un conflicto, un problema no resuelto de nuestra sociedad. En nuestro caso, en este momento, estamos viendo lo que han vivido otros países, que ante la ausencia del estado en determinadas áreas del territorio, bien sean urbanas o rurales, siempre ese vacío tiende a ser sustituido por alguna fuerza, por lo general delictiva. Lo vemos en Colombia, lo hemos visto en África y es lo que hemos estado viviendo en Venezuela en los últimos años. En nuestro caso particular, aparte de eso también han aparecido grupos armados al margen del estado, pero que el grupo político que controla el estado se apoya en ellos para controlar a ciertas zonas del país o a un determinado segmento de la población. Y eso tiene una motivación política. Pero aparte de eso, también en sectores amplios de la clase media venezolana existe una permanente idealización por los gobiernos de fuerza, concretamente por la última dictadura militar de la década de los 50. Eso no es nuevo, de niño recuerdo haber conocido gente que idealizaba al gobierno de Juan Vicente Gómez por aquello de que todo tiempo pasado fue mejor. Todavía en el año 1998, que fue el último gran cambio político que vivió el país en términos electorales, el recuerdo por la necesidad del hombre fuerte que pusiera orden, por la última dictadura militar, fue un factor importante en esa campaña. De modo que sí es cierto, que se puede decir así, que es un conflicto no resuelto en la sociedad venezolana.

Sin duda no todo tiempo pasado fue mejor pero siempre uno tiene la añoranza, y más en estos tiempos donde se añora, entre comillas, una cierta normalidad. Tampoco es un fenómeno exclusivo de Venezuela, sino de Hispanoamérica. Hablar de caudillismo, de gendarme necesario, también nos lleva a hablar de momentos turbulentos, de violencia social, de fragmentación del territorio. ¿Antes como ahora?

El caudillismo no es un fenómeno exclusivo de Venezuela, lo hemos compartido con el resto de Latinoamérica. Con esto no quiero alegar esto de “a mal de muchos consuelo de tontos” sino tratar de explicar que el caudillismo hispanoamericano es consecuencia directa del colapso del imperio español en estas tierras, de la forma en la que se produjo la independencia, a diferencia por ejemplo de la América portuguesa, que dio origen a Brasil, en nuestro caso fue sumamente caótico. Lo que ocurrió fue que hubo un vacío de poder porque los reyes de España quedaron presos de Napoleón, y eso dio pie a que los cabildos tomaran el poder en muchos de estos virreinatos o capitanías generales, o lo intentaran tomar, que las juntas supremas reemplazaran al gobierno de España, luego dieran el paso a proclamar la independencia. Eso dio paso a una guerra civil, que generó una gran inestabilidad política. Eso ya Bolívar lo había advertido, que América iba a ser presa de todo tipo de caudillos y aventureros. Y nuestra historia ha sido fundamentalmente una historia de revolución armada, golpes de estado y una gran inestabilidad política. Entonces estamos en un péndulo permanente de la necesidad de gobiernos autoritarios, abiertamente dictatoriales y autocráticos, y la anarquía. Muy pocos países hispanoamericanos han conseguido la estabilidad política en el S XIX. Digamos que la estabilidad es relativamente reciente. Hasta hace muy poco, países de Centroamérica e incluso Colombia estaban sumergidos en guerras civiles. El origen de nuestras nacionalidades ha sido caótico, muy marcado por la figura de este tipo de caudillos. A estas alturas pareciera que la mayor parte de América Latina ha resuelto en parte ese problema, pero hay países en los que sigue presente.

En muchos de los países latinoamericanos, en particular en Venezuela, siento que lo ciudadanos hemos hecho un menor esfuerzo para tratar de reconducir al país por la senda del crecimiento y el desarrollo. Sin hablar de bandos políticos sino de la maduración de una sociedad en una coyuntura que se ha alargado desde 1989. ¿Cómo ha sido el comportamiento de los políticos frente, o al lado, de la sociedad venezolana?

El esfuerzo no es igual a la eficacia. Uno puede ser muy trabajador y ser muy poco productivo. Creo que esto se aplica a la pregunta. No me queda duda que los políticos venezolanos en general, en los últimos 20 años han hecho un esfuerzo por llevar al país a mejor destino, pero es evidente que ese esfuerzo no ha sido eficaz. Por lo tanto hay que hacer una reevaluación de lo que se ha hecho hasta ahora, tanto la clase política como la sociedad civil: qué debemos hacer, qué podemos aprender sobre todo de nuestra propia historia y de otras experiencias de países que han pasado por situaciones similares. Este desprecio por el conocimiento nos hace mucho daño, los políticos de mediados del S. XX, la generación de fundadores de la democracia, tenían una gran curiosidad intelectual, era gente muy dedicada a su formación, a conocer, a aprender. Eso los llevó incluso a cambiar de posición en algunos casos y eso. Ese es el esfuerzo que hay que hacer para finalmente ser eficaces en ese sentido de lo que creo que la inmensa mayoría de los venezolanos quiere, que es llevar a nuestro país a un mejor destino. Eso me lleva a concluir que los destinos de los países no están escritos en piedra, que los seres humanos tenemos la capacidad de cambiar el destino de las cosas.

0 replies

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *