María Elisa Lozada, psiquiatra: “Venezuela no es un país para envejecer”

No es fácil ser anciano en Venezuela. De acuerdo con cifras de 2017 del Instituto Nacional de Estadística, la población de adultos con más de 60 años es de 3.288.806. El alto costo de los medicamentos, la escasez total de ellos en muchos casos, la diáspora, la violencia intrafamiliar, los homicidios de las personas de la tercera edad –se registraron 333 muertes violentas en 2018, de acuerdo con un informe de la Asociación Civil Convite- han hecho de Venezuela el peor país para envejecer en Sudamérica y uno de los peores del mundo según HelpAge.

¿Puede la pandemia empeorar la situación de nuestros adultos mayores? “Es difícil separar el tema pandemia de la crisis nacional, porque el coronavirus en Venezuela no está en la lista de nuestras preocupaciones sino otras cosas que ya vienen deteriorándose desde hace tiempo. Esto viene a empeorar otras situaciones que vienen degenerándose con respecto al ambiente que rodea a un adulto mayor”, dice María Elisa Lozada, médico psiquiatra y psicoterapeuta.

¿Cuáles son los riesgos que con la pandemia enfrentan los adultos mayores en el país?

En el caso de los adultos mayores me parece que es un tema global. Una de las cosas que se ve alterada en su entorno es precisamente la dinámica de estar en casa. Primero, son el grupo etario más vulnerable de toda la población y eso se puede ver en el número de muertes a escala mundial, porque son los pacientes en los que la enfermedad avanza mucho más rápido, precisamente por tener un sistema inmunológico debilitado y su deterioro físico impide que puedan contrarrestar el virus. Pero aunado a esto, el confinamiento implica cambios de rutina que los afecta mucho porque ellos están acostumbrados a tener ciertas actividades en ciertos horarios. Cuando de repente tenemos al hijo que no está nunca en la casa o hay más miembros de la familia en el hogar, la dinámica de la familia se altera porque se ausentan los espacios individuales de cada quien. Sin hablar de aquellos que están acostumbrados a caminar en parques aledaños o que tienen actividades fuera de casa, ya sea por estimulación cognitiva o porque van a fisioterapia. Eso, de acuerdo a las estadísticas que manejo en consulta, es una de las cosas que más se ha alterado.

Eso en el caso de que los adultos mayores que viven con su familia, pero también vemos a padres huérfanos de hijos por la diáspora, algunos de los cuales están a cargo de cuidadores que en este momento quizás no pueden llegar por los problemas con el transporte y con la gasolina ¿de qué manera esta situación los hace más vulnerables? ¿Cómo los puede afectar?

Mencionas el tema de la diáspora y ese es un malestar que viene antes de la pandemia. Es algo que se exacerba por el tema de la rotación del personal de cuidado de este tipo de pacientes. La cuarentena viene a agravar considerablemente la problemática que ya existía. Quizás cuando los hijos se fueron  ciertamente ya había depresión, duelo porque algunos no lo elaboran. He visitado muchos abuelitos cuyos hijos ya tienen dos o tres años afuera y adolecen además de la tristeza y el duelo por no contar con un familiar cercano que los pueda proteger. Y aunado a esto se hacen muy vulnerables a la soledad, se sienten desprotegidos e incluso desesperanzados. Hay una estructura dentro de la personalidad de los venezolanos y es que tendemos a sublimar un dolor, por eso somos tan dicharacheros porque no nos gusta llorar, no nos gusta mostrar esa debilidad que se pudiera expresar a través de la tristeza o desde la condolencia del otro. Y por eso muchas veces los abuelos evitan contar sus problemas, lo que hace que empeoren. Pero aparte de esto también está el tema de cómo resuelvo en un país como este, porque no solamente es “me siento solo”, “no puedo salir” sino “me falta el agua”, “me falta la luz, mi cocina es eléctrica y no puedo cocinar”, “cómo salgo a comprar alimentos”.

¿Cuáles son las debilidades de los ancianos venezolanos en estos momentos?

Una de las debilidades más grandes que me he encontrado es que veo dos adultos mayores asistidos por un cuidador, que implica una inversión de dinero importante que se hace cuesta arriba: el costo de la comida, del medicamento, de pañales. Es un torbellino de factores que no siempre se puede controlar. En redes sociales puedes ver la demanda de adultos mayores que no tienen que comer, que por lo general es la comunidad que los asiste desde lo que puede, como puede. Envejecer en Venezuela es complicado, no es país para envejecer. En mis consultas aprendí a no preguntar “¿tú eres su hijo?” sino qué parentesco tienen quienes acompañan a los pacientes porque muchas veces son sus vecinos o amigos o cuidadores. Esto es una realidad que está afectando desde hace mucho tiempo pero en este momento se ha agudizado a un punto tal que se ha convertido en un problema de salud pública. De hecho, ves en redes cómo los abuelitos se pierden y pasan días y nadie los reclama o los busca. Son víctimas de asesinato, robo.

¿Qué tipo de políticas públicas se deben generar para la protección de este segmento de la población?

Si comparamos con modelos europeos, hay muchos países que contemplan, por ejemplo, el entretenimiento dentro de los planes de jubilación. Cuando estudié en Estocolmo, pude ver que había autobuses que buscaban a los abuelos para un paseo. Eso es una política que atendía a todos los sectores vulnerables de la población, como los adultos mayores y los discapacitados. Eso es una política ciudadana. Pero acá solo se hace populismo. No hay una política de estado que contemple para los jubilados en capitales a largo plazo con los que puedan sustentar al menos los medicamentos. Tampoco es que se los lleven a Los Roques una semana pero ellos trabajaron, pagaron impuestos y no están viendo hoy eso, la pensión no les alcanza para nada. Las políticas públicas no contemplan el futuro, no permiten que la juventud se prepare para la vejez y así tienes ancianos desasistidos. No hay una política que abarque a los adultos mayores. Es muy duro, como también lo es para los hijos que se van buscando un mejor horizonte para poder proveerles una mejor calidad de vida. Hace unos años con 20 dólares les alcanzaba, hoy en día no. Ahí te das cuenta cómo desde el punto de vista económico o político el estado no vela por los adultos mayores. Incluso, en un momento la Fundación Alzheimer Venezuela se acercó en muchas ocasiones a la Misión Amor Mayor para prestar ayuda a las personas que asistían allí para ser evaluadas y jamás recibieron nada. De los pacientes que tengo, una minoría recibe esporádicamente una ayuda económica insuficiente para sustentar una comida al día.

Hay cifras de que ha aumentado la violencia intrafamiliar en este tiempo de pandemia. Nuestros adultos mayores están expuestos no solo a la violencia estructural sino al maltrato familiar ¿cómo podemos brindarle mayor protección?

La actitud o el pensamiento de muchos es “ya vivió, ya para qué”. El anciano consume y no aporta. Es un tema estructural, de valores. Incluso me atrevería a decir que es parte de la estructura psíquica porque si tú has recibido de tu madre y tu padre, parte de lo que eres lo debes a ellos, a su esfuerzo y debes atenderlos. Hay que sensibilizar a la sociedad, el tema está en que hay tantos problemas ahorita y lamentablemente los adultos mayores pasan al final de la lista de prioridades, especialmente los que son más dependientes. Eso es algo que sucede en todo el mundo en este momento y lo ves en aquellos países que han sido duramente golpeados por el coronavirus. Hay testimonios de colegas que cuentan lo duro que es decirle a un familiar que hay que quitarle un respirador a su padre, a su abuelo, porque ya es un adulto mayor y hay que usarlo para un adolescente. Todas estas situaciones reiteran que no los ancianos no son prioridad.

Es un momento complicado para toda la familia.

Parte de lo que afecta e influye en el maltrato hacia el adulto mayor es la incomprensión de sus limitaciones, aunado al estrés que le desencadena al familiar hacerle frente a todas las carencias que se presentan en este momento. Los abuelitos no entienden la economía, si uno no la entiende muchos menos un adulto mayor, el hecho de que tengas que explicar algo que tú mismo no aceptas, que la rutina no puede ser igual porque hay un virus que afecta al mundo. Y aunado a esto no puedes trabajar con la tranquilidad de delegar en otras funciones porque a veces no está, porque el cuidador no puede llegar, esto sobrecarga a la familia. Es hacer teletrabajo, es llegar a casa, atender el hogar, la familia, tomar las medidas de asepsia y además prestarle atención al adulto mayor que vive contigo. Eso también afecta.

 

0 replies

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *