¿Es trivial protestar por la salida de DirectTV de Venezuela?

Venezuela, país de sorprendentes contrastes, en los últimos años se ha caracterizado por el irrisorio bajo costo de servicios públicos que son aparentemente accesibles para sectores de la población de menores ingresos, pero a la que cada vez se le hace más complicado su disfrute, precisamente a esa mayor porción de población vulnerable. En esencia, la “accesibilidad” a los servicios públicos en términos de “costo”, subyace a regulaciones impuestas por decisores del aparato del Estado, que bien mediante el control de las empresas que prestan tales servicios, en su carácter de “empresas públicas” (agua, electricidad, gas, telefonía fija, entre otros), o a través de “congelación” de tarifas impuestas a las empresas privadas que los prestan, se extiende a servicios hoy en día fundamentales como internet, educación, televisión por suscripción (sea por cable o satelital), por mencionar otros.

En detrimento de los ciudadanos, la desmejora de los servicios públicos básicos fundamentales al que los ciudadanos tenemos derecho de acceder, se ha hecho cada vez más complicado con el paso de los años, acelerándose súbitamente en el trascurso del siglo en que estamos. Podemos aludir, por ejemplo, a la electricidad. En comparación a cualquier otro país, el costo por el disfrute del servicio de electricidad en Venezuela raya en lo insignificante por la cifra que aparece en la factura, no obstante, su continuidad está supeditada al pago del costo de generación y distribución que las empresas que las hacen llegar a nuestros hogares necesitan para mantenerla en funcionamiento; requiere remunerar a sus empleados, buena parte del mismo especializado técnicamente para poder garantizar la calidad del servicio, adicional al costo de mantenimiento de equipos materiales, inversiones en infraestructura y utilidad de quienes son propietarios de la empresa, en caso de que sea privada. Evidentemente, el cobro por el suministro del servicio, calculado en términos de consumo, no puede alcanzar cifras que comprometan porcentajes significativos del ingreso promedio de la población de bajos ingresos. Esta lógica aplica también para otros servicios como el agua, la telefonía fija, celular, gas, internet y también la televisión por suscripción.

Particularmente en nuestro país, la empresa DirectTV era la empresa que mayor cantidad de suscriptores tenía en Venezuela, cobrando una mensualidad increíblemente baja en comparación con otros países de Latinoamérica similares al nuestro, si medimos el costo en dólares. Con todo y ese factor de orden económico (cuya lógica dicta que si no se percibe utilidad monetaria por el préstamo del servicio, no tendría sentido seguir operando), continuó ofreciendo el servicio en nuestro país, acatando la regulación tarifaria impuesta por el ejecutivo nacional. La mayor parte de la clientela de esta empresa, para sorpresa de los que no manejan detalles de este sector, era precisamente la población de menores ingresos en los barrios pobres. Para cualquier persona que no conozca nuestra realidad, le sorprendería saber que porciones muy significativas de la población que vive en barriadas deficientemente urbanizadas o en zonas rurales remotas, mucha gente no tiene suministro directo de gas, el agua tiene que buscarla en recipientes fuera de sus hogares a sitios que pueden estar a kilómetros de distancia, pero tienen una antena de DirectTV y gracias a ella veían canales premium de películas norteamericanas, además de las últimas temporadas de las series más famosas de los países industrializados.

Dicho de otra manera, la célebre antena gris de DirectTV representa simbólicamente, a partir de su ausencia, quizá, la única alternativa que los mayoritarios sectores depauperados de nuestra sociedad tenía a la mano para abstraerse de las penurias que sigue sufriendo por la deficiencia o ausencia de los otros servicios públicos que no puede disfrutar permanentemente. Quizá los que hayan criticado las quejas que este hecho produjo, aleguen sorpresa ante lo “trivial” del trasfondo de tales protestas, y porque no se manifiestan de forma más pronunciada por la ausencia de agua, electricidad o gas. ¿La ausencia de estos servicios no han provocado protestas en los barrios de la ciudad capital o en el interior del país? ¿No generó la salida de DirectTV malestar en la depauperada clase media de Venezuela o incluso, de sectores más pudientes, al menos en las redes sociales? Para sorpresa de los no entendidos en la materia, la salida de DirectTV también afecta, por sorprendente que parezca, a los canales de señal abierta en Venezuela, en vista de que parte de la programación transmitida que no es nacional, llegaba precisamente gracias a esta plataforma.

Lamentablemente, se crea o no, con toda la crítica que ha recibido la televisión como medio de entretenimiento y cuanta calidad ha perdido en el camino desde el inicio de su existencia, ofrece alternativas rescatables no sólo de distracción, sino de educación y formación que prácticamente la mitad del mercado venezolano de televisión por suscripción, ha perdido.

Ante la ausencia de mayor variedad, aún hoy queda una alternativa entre los canales de señal abierta en Venezuela, ValeTV, como canal nacional que desde diciembre de 1998 transmite programación que contiene valores, educación y cultura. Contrario a la imagen distorsionada recurrente en la audiencia televisiva de que los canales cuya programación que tenga este perfil es “aburrida”, no es cierta. Contribuir a la formación cultural de todos los estratos de la población no se supedita a mostrar a maestros de primaria, profesores de bachillerato o universitarios con un pizarrón de fondo impartiendo contenido del conocimiento especializado que maneje, existen otras formas. La televisión permite el uso de mayor variedad de recursos para educar, formar y entretener al mismo tiempo, es parte de la razón de ser de la televisión como medio de comunicación de masas. ValeTV en ningún momento ha aspirado captar mayores índices de audiencia traicionando los objetivos por los que fue creada, por ello siempre ha cumplido con su responsabilidad desde que inició su primera transmisión.

 

Francisco Fraíz.

Historiador
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