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La crónica menor 23 DE JUNIO, por Cardenal Baltazar Porras Cardozo

El 23 de junio es una fecha, una efemérides importante en los anales de la arquidiócesis de Mérida. Corría el año de 1722 en la villa de los Palacios, en las marismas del Guadalquivir cuando vino al mundo un niño a quien pusieron el nombre Juan Manuel, primogénito del matrimonio de Manuel Ramos y Ana De Lora. Fue bautizado a los ocho días en la iglesia parroquial de la localidad donde se puede ver la partida de bautismo conservada en perfecto estado en el libro correspondiente.

Estamos pues a las puertas del tricentenario del nacimiento del que fue posteriormente fraile franciscano andaluz y formó parte del contingente de religiosos de su orden que en 1748 fue enviado a misionar en las tierras del virreinato de la Nueva España. Durante treinta años vivió en el convento de San Fernando de la capital vifrreinal, Ciudad de México, y compartió con Fray Junípero Serra, las andanzas evangelizadoras en la Sierra Gorda, en Santiago de Jalpan en medio de los indios panes, región cercana a Querétaro.

Fray Juan Ramos estudió en el convento de San Antonio de Padua de Sevilla donde se formó, emitió votos en la orden franciscana, y recibió la ordenación sacerdotal en 1746. A los franciscanos le fue confiada la evangelización de las Californias pues los jesuitas habían sido expulsados de los reinos de España. Allí conoció a D. José de Galvez, poderoso ministro de Carlos III, andaluz como él, quien le ordenó regresar al convento de San Fernando para más tarde promoverlo primer obispo de la diócesis recién creada de Mérida de Maracaibo (1778). Recibió la ordenación episcopal en la capital virreinal en 1783, dirigiéndose luego a su nueva diócesis vía Maracaibo donde permaneció todo el año de 1784. Llegó a Mérida en febrero de 1785 y un mes más tarde, el 29 de marzo creó el Colegio Seminario, cuna de la universidad de los Andes, acto arriesgado sin haber cumplido con los requisitos prescritos por las leyes de Indias. La buena estrella y mejor sombra de D. José de Galvez lo libró de las penas que las autoridades de Maracaibo intentaron someterlo. Es el acto más trascendente de su pontificado por lo que su estela sigue presente y vigente en la tierra merideña. Conmemorar los trescientos años de su nacimiento es gesto agradecido de los moradores de las montañas andinas.

Doscientos años más tarde, el 23 de junio de 1922, el Papa Pío XI elevó la sede episcopal de Mérida a cabeza metropolitana con las diócesis del Zulia y San Cristóbal como sufragáneas. Llama la atención la coincidencia de la fecha con la del nacimiento del obispo Ramos de Lora, pues probablemente, los registros vaticanos tenían presente la fecha natalicia del obispo fundador. Los engorrosos requisitos del patronato eclesiástico vigente demoró la ejecución de la bula pontificia hasta el año siguiente, 1923, cuando entraron en vigencia tanto el Vicariato Apostólico del Caroní y las diócesis de Coro, Cumaná, San Cristóbal y Valencia, creadas el 12 de octubre de 1922. Estas realidades cambiaron el rostro eclesial de Venezuela dinamizando la presencia evangelizadora en todo el país.

Conmemoramos, pues, el 23 de junio de 2022, el tricentenario natalicio de Fray Juan Ramos de Lora y el centenario de la elevación de Mérida a arzobispado,made nutricia de las diócesis de San Cristóbal, Maracaibo, Trujillo, Barinas y de Pamplona en territorio colombiano pues perteneció a Mérida hasta 1832. En Mérida, la Arquidiócesis y el Seminario San Buenaventura, conjuntamente con la Universidad de los Andes han programado diversas actividades para hacer memoria agradecida de estas efemérides.

39.- 9-6-22 (3632)