La Hazaña de los Atletas Venezolanos en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, por Francisco Fraíz

La participación de 43 atletas venezolanos en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, llevados a cabo en 2021, contó con la delegación de menor cantidad de atletas desde las olimpíadas de Sidney en el año 2000, sin embargo, en esta ocasión las esperanzas de medallas fue mayor que en otras citas olímpicas anteriores. Para quienes no están familiarizados con las exigencias para participar en estas justas, existen múltiples vías para llegar; tales como cupos continentales, pero la más conocida es obtener marcas mínimas en la mayoría de las disciplinas en deportes como la natación y el atletismo, o clasificarse disputando los cupos en deportes de conjunto, como fútbol, baloncesto, beisbol, voleibol; pero también en disciplinas individuales como el boxeo y el levantamiento de pesas, entre algunas de las que se podría mencionar.

Hoy en día la ciencia se ha integrado al deporte, es decir, para que un atleta pueda ser de los mejores y formar parte de la élite, necesita obtener un alto nivel de rendimiento competitivo, y todo ello se logra a través de entrenamiento constante, un régimen alimenticio adecuado a las condiciones del atleta, medir las marcas y analizarlas para mejorarlas, consumir complementos vitamínicos que mejoren el desarrollo muscular, curar las lesiones en un tiempo menor y someterse a controles constantes de dopaje para que el que obtenga la victoria no deje sombra de dudas de la legitimidad respecto a sus rivales. Para alcanzar el lugar de honor en cualquier deporte no solo hace falta talento, también muchísima disciplina, entrenamiento permanente, buena alimentación, posibilidad de competir constantemente, vigilancia médica y apoyo necesario para participar en los eventos que le permitan al atleta conocer el nivel en que se encuentra y saber en qué tiene que mejorar en próximas oportunidades. El día de hoy, incluso, la participación de psicólogos profesionales y de los denominados coach motivacionales forman parte de la dinámica deportiva, siendo destacados, en múltiples ocasiones, por quienes han llegado a ser campeones.

En lo atinente a la logística, es común en el más alto nivel competitivo de cualquier disciplina deportiva que algún patrocinante cubra los gastos de los atletas, pero en otras son las federaciones de las distintas disciplinas deportivas o el Comité Olímpico del país quien se ocupa de cubrir los gastos de viaje y del alojamiento de los atletas que los representan. En la actualidad, quienes compiten en cualquier deporte se dedican únicamente a ese oficio, porque para llegar al máximo nivel, el tiempo que hay que dedicar a entrenar es un asunto de tiempo completo. Teniendo en cuenta los factores mencionados, los resultados alcanzados permiten saber que tan positiva fue la participación de la delegación de un país concreto. Cuando el éxito no acompaña las expectativas, el público comienza a conocer las circunstancias con las que los atletas tuvieron que lidiar para llegar a las justas deportivas y es cuando los balances pueden ser más completos.

Testimonios de los deportistas dan a entender la profundidad de las dificultades que viven. Si un atleta no puede enfocarse por completo en dar lo mejor de sí en las competencias en que participan y sus preocupaciones se centran más en las condiciones en que viven y entrenan, o cómo superan las que enfrenta su núcleo familiar, no centrará su atención en la competencia. La distancia en las condiciones en que vive y entrena un atleta de un país industrializado, con sus necesidades básicas cubiertas, puede centrar su concentración en mejorar su rendimiento y en la competencia en que participa. No sucede así con los atletas de países en vías de desarrollo con altos niveles de pobreza. A pesar de todas las adversidades que un ser humano afronta en su vida, es posible que si se enfoca en lograr sus metas, puede alcanzarlo.

En el caso de los atletas venezolanos que obtuvieron medalla en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, pueden verse distintas caras de la moneda. Por primera vez en la historia del deporte de Venezuela, una mujer obtiene la medalla de oro. Yulimar Rojas es la primera atleta venezolana que obtiene en la ronda final de la disputa de las medallas en la prueba de salto triple femenino un record olímpico en su primer intento, logrando saltar 15,41 metros, y en su sexto y último intento, llegó a los 15,67 metros, rompiendo el record mundial anteriormente establecido por la ucraniana Inessa Kravets en 1995. Además de ser la primera venezolana que logra tal hazaña, enorgullece que sus rivales declararon que la admiran, como la portuguesa Patricia Mamona y la española Ana Peleteiro, quien además entrena con ella en España. Lo común que se había visto anteriormente es que el atleta venezolano exprese su admiración por el competidor de otra nación que obtuvo la victoria. El logro de Yulimar no es para nada menor. De hecho, en la imagen en la que se ve que completa el salto, es fácil distinguir su desarrollo muscular, que obtuvo en parte por la orientación de su entrenador, el cubano Iván Pedroso, quien fue campeón olímpico de salto largo masculino tras registrar 8,55 metros en las Olimpíadas de Sidney 2000. Actualmente Yulimar vive y entrena en la ciudad de Guadalajara en España, lo cual demuestra que para obtener lo mejor de un atleta, es necesario que cuente con las mejores condiciones para desarrollar su talento. Pero Yulimar puede llegar más lejos, con 25 años de edad, si continúa como está, podría alcanzar una hazaña equiparable a la del célebre velocista jamaiquino ya retirado Usain Bolt y convertirse en triple campeona olímpica en triple salto, porque ya alcanzó la hazaña del record olímpico y mundial. Sin duda, Yulimar Rojas puede ampliar su palmarés y la historia que ha comenzado a escribir con sus logros.

 

Daniel Dhers, uno de los más conocidos exponentes del ciclismo BMX estilo libre, ha ganado numerosas competiciones de esta disciplina estrenada en estas olimpíadas. Actualmente residenciado en los Estados Unidos, cuenta con una pista en la que puede entrenar permanentemente. A sus 36 años de edad, de lejos el más veterano de los que participó, demostró que la edad no es un impedimento para destacar en este deporte. Como venezolano, enorgullece ver en las transmisiones el respeto que sus rivales demostraron hacia él.

 

 

Más destacable aún fueron las medallas de plata obtenidas por los pesistas Julio Mayora y Keydomar Vallenilla. En el caso de Julio Mayora, de 24 años de edad, proveniente de la parroquia Catia La Mar en el estado La Guaira, vive en esa populosa zona y entrena en el país, lo cual demuestra que, a pesar de lo duras que sean las condiciones, se puede llegar lejos en una justa olímpica. Keydomar Vallenilla, de 22 años, proveniente de la Cota 905 al suroeste de Caracas, representa un destacable caso de cómo de los barrios en los que viven personas de escasos recursos y que sufren dificultades permanentes en el acceso de los servicios públicos elementales, que destaca en las noticias por los cabecillas de bandas criminales, sobresale un ejemplo de cómo dar una orientación de vida distinta y que seguramente servirá de inspiración a otros que, a pesar de su juventud, pudo alcanzar la gloria entrenándose arduamente en nuestro país.

 

 

 

Otro atleta que destacó fue el karateca Antonio Díaz, de 41 años, poseedor de records Guinness y multicampeón mundial de la disciplina, obtuvo diploma olímpico tras llegar de quinto en la modalidad Kata, tras obtener un puntaje de 26,34. Conmovió ver el respeto y admiración que mostraron sus rivales, más jóvenes que él, tras su retiro con una amplia trayectoria de triunfos en una disciplina tan compleja. Robeilys Peinado, saltadora de perdiga (mejor conocida como garrocha) femenina, es oriunda de la parroquia La Vega del suroeste de Caracas. Obtuvo diploma olímpico (8°) tras alcanzar los 4,50 metros, no pudiendo llegar a una altura mayor, porque recientemente se había recuperado de una lesión. Ahymara Espinoza, de 36 años, lanzadora de bala, fue quizá el caso que mostró la cara menos alegre de los venezolanos que pudieron haber sobresalido. En sus cuentas de redes sociales, mostró el terreno a las afueras de su humilde casa donde entrena con el pasto crecido. En esa imagen se aprecia de manera abrumadora cuán lejos es ese terreno el lugar adecuado para dar lo mejor de sí y medir sus posibilidades de rendimiento. Queda la sensación de que si pudiera hacerlo en una pista atlética, con condiciones óptimas para entrenar, podría haber alcanzado mejor desempeño.

 

 

 

 

 

Es común que los países cuyos gobiernos no sobresalen por la calidad de su democracia y cuyas economías no son diversificadas, muestren propagandísticamente el logro de los atletas que representan a la nación como un logro “propio”, para comprender mejor lo expresado, que el gobernante se apropie del triunfo de otros que se fundamenta más en el esfuerzo individual del atleta y sus entrenadores, aunque no haya contado en ninguna etapa con el respaldo de los gobernantes. Este es un factor que en ocasiones empaña la alegría de los ciudadanos que celebran la victoria de sus compatriotas, pero tales hazañas constituyen un factor que reconforta las complicadas circunstancias de la vida cotidiana de un ciudadano común.

Cuando terminan los juegos olímpicos, es normal que el balance que se derive de los resultados que obtienen los países en el medallero “muestre” el grado de desarrollo de una sociedad, porque se supone a lo lejos que los atletas constituyen una parte de lo mejor que un país puede mostrar al mundo. En cierta medida es cierto, pero no lo es del todo, porque si todo el peso recayera en las condiciones en que un atleta se entrene en mejores instalaciones, o que su dieta y preparación fueran óptimas, ningún deportista de un país en vías de desarrollo podría destacar, en teoría, en unos juegos olímpicos ante la élite del deporte global en las distintas disciplinas, no obstante, tampoco hay que aferrarse en que no es “necesario” aspirar a mejores condiciones para obtener mejores resultados.

Sin duda alguna, la obtención de una medalla de oro y tres de plata, ha sido la mejor actuación de la delegación de atletas venezolanos en unos  juegos olímpicos, a pesar de que vivimos la peor crisis en todos los órdenes de los venezolanos que estamos vivos. Toda una paradoja, pero a veces la vida es así, se logran las mejores cosas que parecen poco probables en épocas de crisis. La diversidad de los orígenes y los logros nuestros deportistas muestran que el desarrollo de un atleta se optimiza con buena preparación y participación en competencias, que siempre es necesario apoyarlos aunque no ganen medallas de oro y que enorgullecen a todos los ciudadanos venezolanos en medio de las difíciles circunstancias que vivimos.

Francisco Javier Fraíz

Historiador