Cardenal, Iglesia Católica, Pobres

La crónica menor 800 AÑOS DE LOS DOMINICOS, por Cardenal Baltazar Porras Cardozo

Venezuela le debe mucho a los hijos de Santo Domingo de Guzmán desde los inicios de nuestra historia a raíz de la presencia hispana en nuestro continente. La primera experiencia de colonización pacífica que se intentó en suelo americano tuvo como sede el oriente del país. Por allí pasó, entre otros, Bartolomé de las Casas, cuando todavía no era el fraile que despuntó años más tarde. La sed insaciable de riquezas y poder llevó a derramar la sangre a aquellos intrépidos misioneros animados por la recia concepción de la justicia y de la dignidad humana que desarrollaron y defendieron los dominicos del Convento salmantino de San Esteban. El grito de Fray Antonio de Montesinos en la Española y las disertaciones de Fray Francisco de Vitoria sobre la racionalidad y dignidad del indígena marcan un hito importante en la clarificación del pensamiento cristiano social que marca, en la defensa de los más pobres, un aporte esencial a la humanidad.

Hijos de esta cepa vigorosa estuvieron y están presentes en nuestra patria donde han llenado páginas gloriosas de presencia humanizadora y evangelizadora que perdura hasta el presente. Con motivo del cuatricentenario de su presencia en Venezuela, organizamos en 1998, un congreso con doble sede en Caracas y en Mérida, donde quedó plasmada los rasgos más relevantes de la vida de esta orden religiosa entre nosotros. Ha pasado un tanto desapercibida, la celebración del jubileo por el 800 aniversario de la muerte de su fundador, Santo Domingo de Guzmán, que tuvo lugar el 6 de agosto de 1221. Las celebraciones del Jubileo comenzaron el 6 de enero de 2021 y se prolongaron hasta la solemnidad de la Epifanía de 2022.

El actual maestro de la Orden de los predicadores, el filipino Gerard Francisco Timoner, explicó que las celebraciones jubilares girarán en torno «En la mesa con Santo Domingo». «¿Qué significa para nosotros estar en la mesa con San Domingo aquí y ahora? ¿En qué modo su ejemplo nos inspira y nos anima a compartir nuestra vida, nuestra ve, la esperanza y el amor, nuestros bienes espirituales y materiales para que otros puedan ser nutridos en esta misma mesa?».

Santo Domingo de Guzmán fue un hombre emprendedor, predicador infatigable, fundador y organizador de la Orden de Predicadores. Fue un hombre sencillo con una profunda vida interior, de gran ecuanimidad y compasivo. Domingo de Guzmán dejó un testamento de paz, como herederos de lo que fue la pasión de su vida: vivir con Cristo y aprender de Él la vida apostólica. Configurarse con Cristo, esa fue la santidad de Domingo: su ardiente deseo de que la Luz de Cristo brillara para todos los hombres, su compasión por un mundo sufriente llamado a nacer a su verdadera vida, su celo en servir a una Iglesia que ensanchara su tienda hasta alcanzar las dimensiones del mundo.

Damos gracias al Altísimo por la rica presencia actual de la cepa dominicana, masculina y femenina en Venezuela. Que no falten las vocaciones para mantener vivo el carisma de enseñar y predicar.

17.- 10-3-22 (3063)