Cardenal, Iglesia Católica, Pobres

La crónica menor CENTENARIO DE DANTE, por Cardenal Baltazar Porras Cardozo

Recuerdo con nostalgia y con un poco de sonrojo, las exigencias que nos parecían excesivas, de leer y releer tanto los autores clásicos como lo mejor de la literatura venezolana, amén de las lecturas piadosas comenzando por las biografías de los santos y algunos versos de la hermosa poesía de los grandes autores españoles. Era la rutina de la vida del Seminario en la que se nos inculcó la lectura como el medio privilegiado para formar la mente y el espíritu. Una de las obras que tuvimos que leer, en parte porque apenas éramos adolescentes en los primeros años del bachillerato, fue la Divina Comedia de Dante. Han pasado los años y tanto en la literatura como en el arte, la referencia al maestro de las letras italianas, han sido y son permanentes. Ver en la Capilla Sixtina el Juicio Final de Miguel Ángel permite reconocer a célebres personajes que según las filias del artista están situados en el infierno o en el purgatorio o el paraíso. Aunque las referencias más socorridas son las del infierno a donde van a parar los que no nos caen bien.

Recientemente, leyendo un trabajo del teólogo González Faus me llamó la atención el juicio que hace de la Divina Comedia, pues asevera, palabras más, palabras menos, que los que están pintados en el infierno son los condenados que no tienen ni tendrán propósito de la enmienda. Y señala para mejor los nombres de algunos líderes políticos del siglo XX y del que corre. Me eximo de citarlos porque tienen dolientes. En cambio, afirma, que los que están en el purgatorio son los pocos que reconocen sus errores y están dispuestos a corregirse. Lo que no es, según él, lo corriente en la alta dirigencia, principalmente política, pero también en otros rublos. En el paraíso están los mejores que sobresalen por su sentido del amor y del servicio.

Se me antoja que releer esta gran obra, y sobre todo, barruntarla, al menos un poco, en las generaciones más jóvenes no estaría mal, porque de seguro no la han leído o ni siquiera la han oído mentar. Dante Aligheiri nació en 1265 en Florencia y falleció el 15 de septiembre de 1321. Hace, pues, apenas unos meses se cumplió el séptimo centenario de su muerte. En Italia y en muchos círculos literarios se celebraron jornadas de reflexión muy ricas por la trascendencia del pensamiento de este gran hombre que tiene mucho que decir al tiempo actual. Es una buena ocasión para aventurarnos en el descubrimiento de un hombre que padeció en sus carnes los dolores de la vida, pero que nunca renunció al deseo de bien, de belleza y de verdad con el que hemos venido al mundo.

Como la referencia más común de la obra es lo referente al infierno no viene mal este comentario de Francesco de Sanctis quien escribió que «en el infierno la cual, de manera que el pecado está todavía vivo y la tierra está todavía presente en el condenado, lo que atribuye al infierno una vida completa y corpulenta, la cual se hace espíritu en los otros dos mundos, tornándose pobre y monótona». Por ello, añade, «el infierno tiene una vida más rica y plena,y es de los tres mundos, el más popular. En cambio, la vida de los otros dos mundos no tiene reflejo en la realidad, y está hecha de pura fantasía, inspirada en los ardores estáticos de la vida ascética y contemplativa». Todavía hoy se lee mucho sobre el Infierno, poco del Purgatorio, y casi nada del Paraíso, con la excusa de que este último es demasiado abstracto o teológico.

“En la Divina Comedia no hay nada de abstracto, nada que no tenga un reflejo en la realidad. La obra de Dante es, desde el primer verso y hasta el último, una exaltación plena de la realidad en todos sus aspectos: la vida personal y la vida pública, el amor y la amistad, la política y la guerra, la ciencia y la poesía… no hay ningún aspecto de la vida que Dante deje lado”. La Divina Comedia es “un viaje al más allá, dirían todos al unísono, en el que Dante atraviesa los sufrimientos del infierno y las penitencias del purgatorio para llegar finalmente a la gloria del paraíso. Pero cuidado: si Dante imagina un viaje al más allá es porque en realidad quiere hablar del más acá”.

“Por eso la Divina Comedia es en realidad un viaje a la profundidad de nosotros mismos, un viaje para reconocer todo el mal del que el hombre es capaz –el infierno–; un viaje a la búsqueda de la misericordia y del perdón, de la posibilidad de que nuestro mal sea cancelado y podamos comenzar a vivir desde cero –el purgatorio–, y un viaje al descubrimiento de la belleza en la que la vida puede convertirse cuando aceptamos que estamos abrazados por la misericordia de Dios”

La muerte, la injusticia, el exilio, el amor y la belleza, el sentido de la libertad interior y exterior no minaron su fe cristiana, su fe profunda ,herida por las incomprensiones de la vida lo convierten de todas formas en ungran cristiano que se opuso entre otros al Papa Bonifcacio VIII. Una de sus frases famosas es “quien sabe del dolor todo lo sabe” y lo pudo plasmar en versos en su Comedia llamada por sus seguidores la Divina. Tal vez tenga razón González Faus en la aseveración que reseñé al comienzo de esta crónica.

33.- 28-5-22 (5160)